Soy Viator, el
viajero. Arrastro por los caminos cada
día mis casi setenta kilos de peso, mi
metro setenta y tantos de frágil estatura, la mala salud de hierro de mi cuerpo mortal, fibroso
y duro de caminante.
Pude haber sido
un paciente profesor, un abogado eficiente, un periodista exitoso, pero elegí
por mi mala cabeza ser sólo un viajero solitario. No me arrepiento. Gracias a
eso soy tan inmensamente rico como pobre de bienes soy. No me importa el
dinero. A veces pienso que debiera ser más pobre para atesorar mayores
riquezas.
Aunque me
educaron para contener mis sentimientos, tengo demasiado delicada la piel del
alma y me emociono, sufro y gozo más que el común de los mortales; soy de
lágrima fácil, de sonrisa fácil también.
Os confieso que
me hubiera gustado ser sabio, conocer muchas cosas que nunca encontré ni
encontraré tiempo para ponerme a aprender. Pero aunque soy un ignorante, la
vida me otorgó algunos dones y mis viajes algunas sabidurías que procuro
aprovechar: sé leer en los ojos de la gente, sé intuir la bondad y la
mezquindad en las personas y oír con claridad las palabras que se sienten y se
callan; sé escuchar a todos, comprender y consolar a quienes sufren.
Me corrompe la
estupidez y me subleva la codicia y la injusticia. Me gustaría gritarle a la
cara a quienes se creen poderosos, y a veces lo hago, que muy pronto morirán y
que la vida es demasiado corta para que felicidad de todos no sea nuestra única
obligación y la alegría nuestra única bandera.
A veces soy egoísta, vanidoso, despistado, cabezota, desatento y tímido, bien sé yo que estos son
mis pobres defectos que cada día procuro evitar y que no los sufran mis compañeros de viaje. Soy un solitario. Soy mejor persona en
la media distancia que en las amistades íntimas, que a veces me cohíben y que
no sé cuidar. Pero con quienes me quieren soy cuando me necesitan leal y
generoso hasta el límite de mis fuerzas, y ellos y ellas me corresponden excusando mis
debilidades.
Soy sólo un
hombre.
Soy un hombre que
ama y respeta a las mujeres.
Soy lo que de mí
han hecho las personas que me han amado.
Estoy empezando a
hacerme viejo.
Lo noto porque
cada día me apasiona más la vida,
porque cada día
me conmueve más la belleza,
y porque me duele
el mundo
y el riñón
izquierdo.
Estoy aquí de
paso.
Soy Viator, el
viajero.